Quería escribir un post acerca del temor que muchas veces sentimos las/os oprimidas/os a resistir o incluso incomodar al poder y de cómo ese temor se origina no simplemente en la amenaza de la violencia, sino en el hecho de que estamos programadas/os para mantener nuestra posición de subordinación ya que, tal como escribió Althusser, lo que garantiza la reproducción de las relaciones de explotación es que quien explota se ha asegurado que cada sujeto explotado las reproduzca. Vivimos en una sociedad que asegura que haya figuras de “autoridad incontestada”, frente a las cuales, la rebelión se ve mal… está fuera de lugar. Símbolos sagrados que no tienen otro fundamento que la tradición o el privilegio y que siguen estructurando las relaciones sociales de opresión y explotación.

En medio de este ejercicio me encontré con un comunicado publicado por La Casa de la Mujer en el que “rechaza el acto irrespetuoso contra un símbolo católico”, que tuvo lugar en el plantón que se convocó para exigir al Congreso que no reelija al procurador Ordoñez. El hecho irrespetuoso, con el que “no estuvo de acuerdo” La Casa fue la quema de una cruz y un “juego que varios (as) participantes iniciaron con este símbolo religioso”… Me quedé asombrada. ¿Qué representa una cruz? Para mí, es un recordatorio de la institución que realizó la quema de brujas en la edad media, que apoyó y se benefició del colonialismo occidental, además de un ingrediente fundamental del racismo y la misoginia. Actualmente representa una institución anacrónica y desgastada que hace hasta lo imposible por esconder sus abusos sexuales, la opulencia de su jerarquía, su silencio frente a la desigualdad y la pobreza; y su injerencia en política, que condena a muerte por ejemplo, a mujeres pobres que no pueden tener acceso a abortos en condiciones seguras.

Lo pienso de nuevo y me pregunto: ¿me piden respeto hacia los símbolos que han sido utilizados en contra nuestra? ¿Me piden que respete una institución que ha usado todo su poder para quitarnos lo más básico que es la libertad de decidir sobre nuestro propio cuerpo? Si yo respeto las creencias religiosas de Ordoñez, de mi mamá, de las personas católicas, ¿Recibiré a cambio su respeto para que yo pueda abortar cuando lo desee? Si me aparto de quienes “irrespetan” los símbolos católicos ¿con quiénes voy a resistir y combatir este orden político y económico tan injusto y peligroso?

Al contrario de lo que dicen las compañeras de La Casa, considero que estas formas de manifestarnos si tienen peso político y quemar un pedazo de madera no es nada comparado con las injusticias de las que la iglesia es cómplice por “acción u omisión”. Al quemar ese símbolo se afirma que no tiene poder para determinar lo que hago con mi cuerpo. El argumento por medio del cual las compañeras “rechazan” el hecho es que “es imposible exigir y lograr respeto por los derechos propios cuando se están vulnerando y burlando los ajenos”… Y esta afirmación me reafirma en la idea de que el marco de los derechos es políticamente muy limitado: ¿Debo aguantar de manera impasible las agresiones externas para no violar los derechos de quien lo hace? ¿Debo tolerar las opiniones de quien no tolera las mías? ¿Debo hacerme del lado de los opresores cuando otras compañeras “atacan” sus símbolos por respeto a sus derechos?

El argumento de los derechos es ciego a las desigualdades de poder. Hay colectivos con más derechos que otros porque son ellos quienes establecen quién es humano y quien no… Hay sociedades en las que se reconocen de manera universal pero sólo unas minorías pueden gozarlos… En su nombre se invaden países y se siembra muerte e injusticia. Quedarnos en el terreno del respeto a los derechos sin tomar en cuenta las desigualdades de poder, implica dejar intactas condiciones de injusticia contra las que yo lucho así que creo que también habría participado en esa quema porque sigo creyendo en la conocida consigna que dice que “la única iglesia que ilumina es la que arde”. (Ver comunicado completo:  http://www.flickr.com/photos/desacatofeminista/8070638725/)

Bombón.

Carrito